sábado, 28 de mayo de 2011

De reflexiones y candados

Colectivizando

Esperando después del robo


* “Parecía cuestión de tiempo para que le atinaran al lugar donde no había candado. Parecía también cuestión de tiempo para que uno se viera involucrado en una situación relacionada con la inseguridad que permea en el país”.

Hoy es 28 de abril del 2011, son casi las cinco de la tarde y me encuentro en la agencia norte del Ministerio Público, misma que se encuentra en la Diagonal. Hace mucho calor y la fila que hay para presentar denuncias es grande.

Sonrío de nervios para mis adentros y pienso en los eventos ocurridos en las últimas horas. Recuerdo todas las cosas que hay que hacer, ya que tenemos un viaje hacia Teocelo, Veracruz, para trabajar con los niños de esa región en el marco de la celebración del Día del Niño.

Para ser honesto, medito también en la sensación de soledad que me rodea, no sólo como una cuestión existencial, sino más bien literal, me siento solo y enfadado, molesto conmigo mismo por haber dejado que esta situación llegara hasta aquí, por no haber insistido en lo que se necesitaba para tener una base firme para trabajar, siento impotencia por no poder recuperar las mesas, las sillas y los focos que fueron robados del contenedor que utilizamos en el barrio de Santa Anita para dar talleres a los habitantes de esta zona.

Pienso en quienes perpetraron el delito y que conocen perfectamente el funcionamiento del contenedor, ya que en una ocasión anterior intentaron abrirlo sin éxito. Pienso en el sitio donde está ubicada esta caja metálica, que es de tránsito continuo de personas, entre las cuales debe de estar quien observó la operación del abrir y cerrar las puertas para llevar a cabo después una segunda intentona de robo, en la cual tuvo éxito.

Parecía cuestión de tiempo para que le atinaran al lugar donde no había candado. Parecía también cuestión de tiempo para que uno se viera involucrado en una situación relacionada con la inseguridad que permea en el país.



El arte puede ser una herramienta

Los que nos involucramos en la acción social y en iniciar proyectos de esta índole en barrios con múltiples problemáticas sabemos que enfrentar cuestiones como la arriba enunciada no es algo que cause sorpresa, sabemos que por eso mismo es por lo que tenemos que estar ahí.

Y en el caso particular del Colectivo la 15, del cual formo parte, el arte puede ser una herramienta poderosísima para hacer que los niños tengan voz, para que hablen de lo que les sucede y tengan otras perspectivas que les ayuden a saber que hay algo más que sólo el camino confuso y turbio que determinados contextos o personas les hacen ver.

Por eso mismo es que a veces (sólo a veces) duele escuchar a las autoridades encargadas de dirigir instituciones de índole cultural hablar desde la lejanía y la ignorancia, desde el estrado en el cual terminan dando discursos que caen en el lugar común, pero que a la hora de brindar las condiciones necesarias para que estos proyectos puedan avanzar siempre apelan a la sentencia de que “no hay presupuesto”, obligándote a entrar en la encrucijada sobre que hacer: esperar a que los recursos lleguen (materiales o económicos) o ponerlos de tu propia bolsa para que la gente que acude a los talleres, cursos o eventos no sean afectadas y pueda iniciarse este arduo, complicado e intenso trabajo.

Duele, porque por defender un presupuesto para seguir trabajando en estas zonas uno se tiene que morder los labios, callar y seguir adelante. Duele porque la insensibilidad que uno percibe en los pasillos y corredores de las instituciones, que están creadas para darle voz y expresión a la sociedad, terminan por dejarte con una sensación de impotencia, sin más remedio que ir remando entre la impunidad, remando entre aquellos que no se hacen cargo de las cosas y que van dejando que todo fluya hacia el caos.


Las calles donde trabajamos

Este asunto no sólo se circunscribe al hecho cultural, sino a todos los ámbitos de la actividad humana. Las calles donde trabajamos como colectivo son difíciles, las conocemos porque hemos vivido ahí toda la vida y las relaciones que se entretejen ahí son innumerables. De hecho, hace pocos días, en las mismas calles se suscitó un crimen que me dejó reflexionando sobre el contexto tan difícil en el que estamos involucrados como sociedad.

Nosotros, por las mañanas, vamos a una escuela ubicada cerca de donde se llevó a cabo este hecho delictivo. Vemos de frente a los niños con quienes vamos a trabajar y por ellos la esperanza de que esto pueda cambiar se renueva constantemente. Pero, la falta de oportunidades de desarrollo para las personas, la sensación de que no hay camino para mejorar su entorno y la certeza de que no hay castigo para quienes cometen actos que dañan a terceros, simplemente se ve más grande que las acciones que distintos colectivos llevan a cabo en la ciudad de Puebla.


Sin embargo este trabajo se tiene que hacer

Tiene que haber una reflexión de nosotros hacia todo lo que acontece y pasar a la acción. Dejamos muchas cosas abandonadas durante largo tiempo y otros intereses (ajenos al bien común) las tomaron. Pensar si de verdad los motivos que nos empujan a estar en la calle son honestos y buscan la mejoría de una colectividad o si son simplemente el pretexto para obtener un puesto.

Debemos dejar las cuestiones del ego a un lado, creyendo que lo sabemos todo, para darnos la oportunidad de aprender de nuestros compañeros de viaje. Compartir la experiencia de lo que significa estar vivo. Ayudarnos a mejorar el camino por el cual todos transitamos y trabajamos.

Tenemos que darle la importancia a la palabra, privilegiar el diálogo entre opuestos y actuar en
consecuencia. Dejar a un lado el paternalismo creado entre el estado y sociedad. Darnos la oportunidad de colaborar como iguales en la mejora de un contexto. Trabajar para hacer que la violencia simbólica y física no sea el elemento preponderante en las relaciones humanas.

Sin duda son necesarias más cosas que las aquí mencionadas. Sin lugar a dudas se piensa en todo esto cuando uno se ve afectado por toda una serie de inercias negativas, en las cuales también uno sabe que fue participe.

Sólo espero que quienes tienen las riendas para cambiar las cosas abran los ojos y vean la gran oportunidad que tienen para ser engranes de la acción que logrará llevar a buen puerto el destino de nuestros hijos. Les pido también que no abandonen la esperanza de lograrlo.

Todo esto lo digo claro, mientras espero a ser atendido en la agencia del Ministerio Público.





Colectivo La 15

Articulo publicado  en http://www.subterraneos.com/

No hay comentarios:

Publicar un comentario